
Por Carmen Artimé Varela, Odontóloga, 24 años
Una de las cosas que más me sorprenden desde que estoy aquí es la facilidad con la que cualquiera te regala una sonrisa, un saludo o un gesto amable.
Lo cierto es que ayudar a que literalmente la gente recupere su sonrisa, es una de los mejores regalos que me podrían haber hecho.
Ya van más de 10 días aquí en el Congo, y mi labor como dentista está siendo mucho más que gratificante. Cuidar la salud dental no debería de ser un privilegio en ningún sitio.
Desde que he llegado aquí he sido consciente de la enorme necesidad que tienen en cuanto a cuidados dentales. No hemos parado de trabajar desde el principio, y lo que más nos gusta y nos sorprende es la paciencia de la gente y lo agradecidos que se muestran ante cualquier cuidado. Los niños se portan genial y aguantan súper bien los tratamientos, les hace hasta ilusión venir al dentista.
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Estamos trabajando sobre todo con los orfanatos de la zona, consiguiendo cubrir atención completa a dos orfanatos y vamos en camino de terminar con un tercero, que tiene casi 500 niños.
Están siendo días de mucho trabajo, pero más gratificante y con más frutos que nunca. Nos está encantando poder ayudar de manera tan directa a la gente de aquí, y nos está encantando poder aportar aquello que sabemos.
De todas formas, no me gustaría quedarme solo en lo que siento que estoy aportando sobre odontología.
Me estoy llevando sobre todo lecciones de humanidad, de amor sencillo, estoy dándome cuenta de la importancia que tiene prestar atención, regalar cariño de manera desinteresada.
Estoy viendo en primer plano el poder transformador que tiene el amor y el cuidado, el valor que tiene entregarte con el corazón, sobre todo a los niños.
Los niños que con su inocencia no buscan más que una mirada, para saberse mimados y atendidos.
Tengo sus miradas grabadas en el corazón, y no habrá día que no piense en ellos cuando vuelva a España.
Aquí somos lo que damos






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