Ejea de los Caballeros impulsa la formación y el emprendimiento de jóvenes en la República Democrática del Congo

Adefor costura

El Ayuntamiento de Ejea de los Caballeros colabora con Fundación Amigos de Monkole en un proyecto que favorece el acceso a la educación, la capacitación profesional y la autonomía económica de jóvenes en situación de vulnerabilidad en Kinshasa.

Gracias a una subvención de 2.000 euros concedida por el Ayuntamiento de Ejea de los Caballeros, Fundación Amigos de Monkole ha podido reforzar su trabajo educativo y formativo en la República Democrática del Congo, en colaboración con su socio local ADEFOR (Association pour le Développement et la Formation).

La iniciativa se desarrolla en las antenas sociales de Moluka y Kimbondo, situadas en barrios periféricos de Kinshasa, donde numerosas adolescentes y jóvenes encuentran importantes dificultades para continuar sus estudios o acceder a oportunidades de formación profesional y empleo.

El proyecto, dirigido a 50 adolescentes y jóvenes, combina tres líneas de actuación: educación básica complementaria, formación práctica en corte y costura y talleres de sensibilización sobre derechos humanos, liderazgo e igualdad de género.

A través de estas actividades, las participantes han podido fortalecer sus conocimientos, desarrollar habilidades profesionales y adquirir herramientas que les permitan avanzar hacia una mayor independencia económica. La formación en costura constituye, además, una oportunidad para explorar futuras iniciativas de autoempleo y generación de ingresos.

Más allá del aprendizaje técnico, el programa busca ofrecer a las jóvenes un espacio de crecimiento personal, confianza y participación, contribuyendo a superar algunas de las barreras sociales y económicas que condicionan sus oportunidades de futuro.

La colaboración del Ayuntamiento de Ejea de los Caballeros ha contribuido a dar continuidad a esta labor educativa, apoyando un proyecto que apuesta por la formación como instrumento de inclusión social y desarrollo.

Desde Fundación Amigos de Monkole queremos expresar nuestro agradecimiento al Ayuntamiento de Ejea de los Caballeros por su compromiso con la cooperación internacional y por contribuir a generar nuevas oportunidades para jóvenes de la República Democrática del Congo.

Proyecto desarrollado por la  Fundación Amigos de Monkole y ADEFOR, en colaboración con el Ayuntamiento de Ejea de los Caballeros.

Ejea de los Caballeros

Educar en solidaridad: acercamos la cooperación al desarrollo a los colegios

En la Fundación Amigos de Monkole impulsamos actividades de sensibilización y educación para el desarrollo en centros educativos para acercar al alumnado a otras realidades, fomentar el pensamiento crítico y promover una ciudadanía más solidaria y comprometida.

Creemos que la educación es una herramienta fundamental para transformar el mundo. Por eso, desde la Fundación Amigos de Monkole desarrollamos un proyecto de sensibilización dirigido a colegios, jóvenes y comunidades educativas, con el objetivo de dar a conocer las desigualdades globales y la realidad de las comunidades más vulnerables, especialmente en la República Democrática del Congo.

A través de estas actividades, queremos que niños y jóvenes comprendan mejor los retos sociales, económicos y medioambientales a los que se enfrentan otras comunidades, descubran la importancia de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y entiendan que sus decisiones y acciones cotidianas también pueden contribuir a construir un mundo más justo.

Aprender a mirar más allá de nuestro entorno

Incorporar la sensibilización y la educación para el desarrollo en los colegios nos permite trabajar valores que van más allá del aula: la empatía, el respeto, la igualdad, la responsabilidad y la solidaridad. Conocer otras realidades ayuda al alumnado a cuestionar estereotipos, comprender las causas de la desigualdad y desarrollar una mirada más crítica sobre el mundo que le rodea.

También queremos transmitir que la cooperación internacional no consiste únicamente en prestar ayuda, sino en trabajar junto a las comunidades para mejorar sus condiciones de vida y ampliar sus oportunidades.

Con estas experiencias, ofrecemos al alumnado la oportunidad de aprender de forma participativa, hacerse preguntas y reconocer su capacidad para contribuir al cambio. Al mismo tiempo, facilitamos al profesorado recursos y propuestas educativas para abordar en el aula cuestiones como los derechos humanos, la sostenibilidad, la justicia social y los ODS, conectando los contenidos académicos con situaciones reales.

Porque educar en solidaridad no es solo transmitir información: es ayudar a formar personas conscientes, críticas y comprometidas con su entorno.

Actividades de sensibilización adaptadas a cada colegio

Desde la Fundación Amigos de Monkole proponemos diferentes actividades que podemos adaptar a las características y necesidades de cada centro educativo. Queremos acercar la realidad de la República Democrática del Congo y nuestro trabajo de cooperación al desarrollo de una forma cercana, participativa y educativa.

Entre las iniciativas que podemos llevar a los colegios se encuentran:

  • Proyecciones y coloquios: utilizamos recursos audiovisuales como el documental En el vientre del Congo para acercar al alumnado a las historias y los desafíos de las comunidades congoleñas.
  • Exposiciones fotográficas: con propuestas como Born in Congo, mostramos a través de imágenes y testimonios la vida, la cultura y las esperanzas de sus habitantes.
  • Talleres, charlas y encuentros de sensibilización: generamos espacios para reflexionar sobre la desigualdad, la solidaridad y la importancia de actuar frente a los desafíos globales.
  • Materiales didácticos: facilitamos recursos que ayudan a trabajar estas realidades en el aula y a relacionarlas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Con estas propuestas queremos fomentar el diálogo, la participación y la reflexión, para que los alumnos y alumnas puedan compartir sus ideas y descubrir distintas formas de implicarse en la construcción de una sociedad más justa.

Calendarios solidarios: pequeños gestos que consiguen grandes cosas

La sensibilización también puede salir del colegio y llegar a los hogares. Un buen ejemplo es nuestro proyecto de calendarios solidarios, una iniciativa que implica a los centros educativos y a las familias en una acción sencilla que contribuye a mejorar la vida de muchas personas.

A través de la compra y distribución de estos calendarios, la comunidad educativa nos ayuda a financiar proyectos que facilitan el acceso a la atención sanitaria y a la educación de personas en situación de vulnerabilidad. Además, los calendarios incluyen información y reflexiones que permiten mantener presentes en casa los valores de la solidaridad y el compromiso social.

Esta colaboración se traduce en resultados concretos. Durante el curso 2025-2026, gracias a la solidaridad canalizada a través de los calendarios y otras aportaciones, contribuimos a que 143 mujeres recibieran atención en el programa FORFAIT MAMA, 123 recién nacidos fueran atendidos en Neonatología y la UCI Pediátrica, y 98 niños accedieran a operaciones de cirugía y ortopedia infantil.

También ayudamos a que 50 niños y niñas de orfanatos recibieran becas escolares, 15 jóvenes pudieran estudiar Enfermería y 345 niños superaran la desnutrición gracias al programa de atención nutricional de Kimwenza.

Estas cifras muestran cómo la colaboración de las familias y los colegios puede convertirse en atención médica, oportunidades educativas y mejoras reales en la vida de las personas. Además, la campaña nos permite acercar a los más jóvenes a una idea esencial: colaborar, compartir y comprometerse son formas concretas de contribuir a la transformación social.

¿Quieres llevar la sensibilización a tu colegio?

En la Fundación Amigos de Monkole creemos que los colegios son espacios fundamentales para sembrar valores y construir una ciudadanía global, consciente y solidaria. Por eso, queremos seguir colaborando con centros educativos que deseen acercar la cooperación al desarrollo a sus alumnos y alumnas.

Si vuestro colegio quiere organizar una actividad de sensibilización, una charla, un taller, una exposición, una proyección o participar en nuestro proyecto de calendarios solidarios, estaremos encantados de colaborar.

Podéis escribir a almudena@fundacionamigosdemonkole.org para contarnos vuestra propuesta y valorar juntos qué actividad encaja mejor con vuestro centro educativo.

Porque cada conversación, cada aprendizaje y cada pequeño gesto pueden contribuir a construir un mundo más justo.

El encuentro anual de voluntarios reúne a 95 amigos de Monkole

El pasado sábado 3 de octubre, el Colegio Tajamar de Madrid acogió una nueva edición del ya tradicional “Encuentro de voluntarios” y Paella Solidaria de la Fundación Amigos de Monkole, una jornada que reunió a 95 personas.

Aunque una ligera lluvia obligó a cambiar el escenario habitual, la celebración no perdió su carácter festivo. En esta ocasión, los asistentes pudieron disfrutar de la comida y del encuentro en las galerías situadas entre las aulas del colegio Tajamar, que se convirtieron durante unas horas en el punto de reunión de amigos, colaboradores, familias y personas vinculadas a la Fundación.

Seis paellas para compartir y celebrar

Los protagonistas gastronómicos de la jornada fueron, una vez más, los maestros paelleros, que prepararon seis paellas para todos los asistentes. Una comida que sirvió como punto de encuentro y que permitió compartir conversación y buenos momentos en un ambiente familiar y cercano.

La jornada permitió a la Fundación reencontrarse con muchas de las personas que han acompañado su trayectoria durante estos años y agradecerles su compromiso y apoyo a los proyectos que desarrolla en la República Democrática del Congo. Además 

Comienza un año muy especial

La celebración tuvo además un significado especial: con este encuentro arrancan las actividades con las que la Fundación Amigos de Monkole conmemora su 10.º aniversario.

Una década en la que la Fundación ha trabajado para apoyar el desarrollo de proyectos de salud, educación y desarrollo comunitario en la República Democrática del Congo, siempre de la mano de socios locales y con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de las poblaciones más vulnerables.

Gracias por hacerlo posible

Desde la Fundación Amigos de Monkole queremos agradecer a las 95 personas que participaron en la Paella Solidaria y a todas las personas que colaboraron de una u otra manera para hacer posible esta jornada.

También queremos agradecer especialmente a los cocineros su trabajo y al Colegio Tajamar por acoger un año más este encuentro. Comienza nuestro 10.º aniversario. Y queremos celebrarlo con todos vosotros ¡Gracias por acompañarnos en este camino! 

Víctor Barro: «Ahora vamos a Uganda y queremos que este proyecto tenga continuidad»

"Empecé en 2020 cuando conocí la realidad de estos jóvenes pacientes en Monkole. Me impresionó mucho"

Los médicos traumatólogos Víctor Barro y Daniel Peña viajan estos días a Uganda para exportar el proyecto de operaciones en jóvenes con depranocitosis de cadera.  Hablamos con el Dr. Barro poco antes de embarcarse en esta nueva apasionante aventura.

– ¿Qué supone exportar desde Monkole (Rd del Congo) a Uganda el proyecto de operaciones de drepanocitosis de cadera en jóvenes?
– Para mí supone un paso muy importante. En Monkole llevamos años aprendiendo y desarrollando una forma de tratar a estos pacientes que nos ha dado muy buenos resultados. Llevar ahora esa experiencia a Uganda significa que el proyecto está creciendo. La idea no es solo ir allí a operar, sino compartir lo que hemos aprendido y trabajar junto al equipo local para que el proyecto pueda tener continuidad.
 
– ¿En qué va a consistir la formación que vais a dar a médicos locales?
– Vamos a trabajar conjuntamente con el equipo local durante las cirugías, compartiendo nuestra experiencia con estos pacientes. Además, daré una charla a los residentes del Hospital de Mulago sobre la necrosis de cadera asociada a la drepanocitosis y su tratamiento con prótesis de cadera.
 
¿Cuál es la causa de esta enfermedad en personas tan jóvenes?
La drepanocitosis es una enfermedad genética de la sangre. Los glóbulos rojos pueden adquirir una forma anormal y obstruir pequeños vasos sanguíneos. Cuando esto ocurre repetidamente en la cabeza del fémur, disminuye el aporte de sangre y puede aparecer una necrosis avascular. Con el tiempo, la cadera se deteriora y puede llegar a destruirse. Por eso vemos chicos de 18, 20 o 25 años con muchísimo dolor y una limitación que normalmente asociamos a personas mucho mayores.
– ¿Qué supone para ti como médico poder hacer esta labor durante tantos años de forma altruista?
– Es probablemente una de las partes de mi profesión que más sentido me aporta. Yo me dedico a la cirugía de cadera y hago prótesis habitualmente, pero aquí esa misma operación puede cambiar por completo la vida de una persona joven. Hay pacientes que llevan años con dolor, que apenas pueden caminar y que han tenido que dejar de estudiar o trabajar. Poder utilizar lo que sé hacer para cambiar esa situación es un privilegio. Después de tantos años, además, ya no lo siento como ir puntualmente a una misión: Hips for Africa se ha convertido en una parte muy importante de mi vida profesional.
 
– ¿Cómo reaccionan las familias al ver la recuperación de sus hijos? ¿Qué os dicen?
– Es una de las partes más bonitas. Muchas familias llevan años viendo a sus hijos con dolor y con muchísimas limitaciones. Verlos ponerse de pie y volver a caminar después de la operación les emociona muchísimo. Más que lo que nos dicen, me quedo con sus caras y con ver que vuelven a imaginar una vida normal para sus hijos.
 
– ¿Qué le dirías a los posibles donantes para que se animen a apoyar este proyecto que cambia vidas?
– Que aquí se ve muy claramente en qué se transforma su ayuda. Una prótesis, material quirúrgico o una hospitalización terminan convirtiéndose en un joven que vuelve a caminar, estudiar, trabajar y recuperar su independencia. Y además intentamos que el impacto vaya más allá de cada paciente: formar a los equipos locales permite que el conocimiento permanezca y que en el futuro puedan tratarse muchos más pacientes. Apoyar Hips for África no es solo financiar operaciones, sino ayudar a construir algo que pueda mantenerse en el tiempo.

"Hemos operado ya a 111 pacientes; pero lo más importante es que no se han quedado en campañas aisladas"

– ¿Por qué decidiste sumarte a estas misiones de la mano de la Fundación Amigos de Monkole?
Empecé en 2020. Cuando conocí la realidad de estos pacientes en Monkole me impresionó mucho ver a gente tan joven con caderas completamente destruidas y con muy pocas posibilidades de acceder a una prótesis. Además, era un problema en el que yo podía aportar algo muy concreto porque llevo años dedicado específicamente a la cirugía de cadera. Con Amigos de Monkole encontramos la manera de darle continuidad y lo que empezó como una misión terminó convirtiéndose en Hips for Africa.
 
– ¿Cuántos años llevas con este proyecto y a cuántos jóvenes habéis operado?
– Empezamos en 2020 y desde entonces hemos operado ya a 111 pacientes. Para mí lo más importante es que no se ha quedado en campañas aisladas: hemos conseguido darle continuidad, aprender de nuestros resultados y desarrollar junto al equipo de Monkole una forma específica de tratar a estos pacientes. Ahora empezar en Uganda es un paso más en ese camino.

Amigos de Monkole, candidata a los XV Premios migranodearena por su compromiso con la educación en Kinshasa

Apoya nuestra candidatura y muévelo en tus redes

Nuestra campaña de 2025 “Ayuda a que 50 niños y niñas puedan estudiar en Kinshasa” ha sido seleccionada en la categoría “ONG Más activa” tras conseguir recaudar 10.328 euros gracias a 107 donaciones. Ahora necesitamos tu voto.

La Fundación Amigos de Monkole ha sido seleccionada como candidata a los XV Premios migranodearena, unos galardones que reconocen las mejores campañas y retos solidarios de captación de fondos realizados durante 2025 a través de la plataforma migranodearena.

Nuestra candidatura compite en la categoría “ONG Más activa” con una campaña que representa el compromiso con la educación y con los niños y niñas que viven en situaciones de vulnerabilidad en la República Democrática del Congo 🇨🇩.

Una oportunidad para estudiar y construir un futuro

La campaña que presentamos, “Ayuda a que 50 niños y niñas puedan estudiar en Kinshasa”, nació de una realidad que conocemos de cerca gracias a nuestros 15 años de experiencia trabajando en Kinshasa.

En la capital de la República Democrática del Congo viven numerosos niños en situación de abandono, orfandad o en la calle. Las causas son diversas, pero muchas están relacionadas con la pobreza extrema y el fallecimiento de sus padres.

Existen organizaciones y personas que acogen y acompañan a estos niños, ofreciéndoles un hogar y protección. Sin embargo, muchas de ellas no cuentan con los recursos necesarios para asumir los gastos de su escolarización. Como consecuencia, algunos niños no pueden acceder a una educación que resulta fundamental para su desarrollo y para su futuro.

Desde Amigos de Monkole quisimos contribuir a cambiar esta realidad. El objetivo del proyecto era escolarizar a 50 niños y niñas de la periferia de Kinshasa, proporcionándoles los recursos necesarios para acudir al colegio y continuar su formación.

El objetivo del proyecto era escolarizar a 50 niñas y niños de la periferia de Kinshasa

Una campaña que superó el objetivo

Para hacer realidad este proyecto nos marcamos un objetivo económico de 10.000 euros. La respuesta de todos los Amigos de Monkole fue extraordinaria. 107 personas realizaron una donación y conseguimos recaudar un total de 10.328 euros, superando con creces el objetivo inicial.

Ahora, esta campaña vuelve a necesitar vuestro apoyo. Te pedimos que votes por nuestra candidatura “Ayuda a que 50 niños y niñas puedan estudiar en Kinshasa” compite en los XV Premios migranodearena dentro de la categoría “ONG Más activa”.

Para votar es necesario registrarse con un correo electrónico. Cada persona puede votar una vez en cada categoría. El premio para la organización ganadora en esta categoría es de 3.000 euros, una cantidad que supondría un importante apoyo para continuar con el proyecto de becas escolares en el curso 2026-2027.

Del 16 al 22 de septiembre, vota por Amigos de Monkole y ayúdanos a hacer llegar esta candidatura a muchas más personas. Cuantas más personas conozcan el proyecto y participen en la votación, mayores serán nuestras posibilidades de conseguir este reconocimiento.

Gracias por vuestro apoyo y gracias de nuevo a las 107 personas que hicieron posible la campaña de 2025 “Ayuda a que 50 niños y niñas puedan estudiar en Kinshasa”. 

Conciertazo solidario: «Un paseo por Disney»

Con la colaboración de la escuela Marand Musical

Comenzamos el curso a lo grande. La prestigiosa escuela de artes escénicas Marand Musical colabora un año más, junto al colegio Tajamar, con un concierto benéfico a favor de Amigos de Monkole. Un paseo por Disney, que tendrá lugar el domingo 18 de octubre a las 12:30 hrs. en el Colegio Tajamar, hará volar al espectador a mundos de fantasía y magia donde soñar es un requisito indispensable, disfrutando del talento de estos jóvenes pero grandes artistas (muchos de ellos protagonistas de los musicales de la Gran Vía). El concierto incluye un repertorio cronológico de los temas más famosos de las películas Disney.

¡No te puedes perder “Un paseo por Disney”! Un concierto solidario polifónico de voces infantiles y juveniles versionando canciones de las películas más famosas de la industria del cine animado, interpretadas con mucho talento tanto vocal como coreográfico por la Joven Compañía Marand Musical.

Marand Musical es una compañía de alto rendimiento formada por 37 niños y jóvenes, promesas del Teatro Musical en España que forman o han formado parte de grandes proyectos como El Rey León, School of Rock, La Historia Interminable, Matilda, Los Chicos del Coro, Billy Elliot, Tina El Musical, El Médico, el musical, Sonrisas y Lágrimas, entre otros, así como diferentes zarzuelas con la Compañía Clásicos de la Lírica.

El espectáculo, dirigido por Iván Calvo Liberal y coreografiado por Sabrina Rojas, hace mágico comprobar cómo artistas tan jóvenes son capaces de llenar el escenario con una fuerza y una sensibilidad verdaderamente inolvidables. El concierto incluye un repertorio cronológico de los temas más famosos de las películas Disney que harán que tanto mayores como pequeños se animen a cantar, tararear ¡o incluso a bailar!

Toda la recaudación del concierto servirá para financiar el proyecto de Becas Escolares para 50 niños de orfanatos de la República Democrática del Congo.

Las entradas (12 euros) se podrán adquirir en la sede de Marand Musical o en la taquilla de entrada el mismo día del concierto, desde una hora antes.

“Ya verás qué bien” Voluntariado agosto 2026

Por Rocío Bertolín Delgado de la Molina

Médico de familia. Voluntaria en agosto de 2026

Cuántos meses esperando el viaje al Congo. Cuántas veces lo he contado para ir convenciéndome a mí misma de lo que estaba por llegar. Cuántas conversaciones llenas de razones con las que, sobre todo, intentaba dejarme claro que no me podía perder esta aventura. Cuántas veces me han tomado por loca o irresponsable y me lo he replanteado todo. Cuántas veces he soñado con lo que estoy viviendo justo ahora. Cuántos años he imaginado esta experiencia.

Y aun así, durante los meses previos al viaje tuve mucho miedo, bajadas y subidas al plan, una careta de valentía que escondía miedos propios y ajenos, mucha ilusión, una incertidumbre que me paralizaba pero que a la vez era lo que más me animaba a vivir esta aventura, sorpresas de última hora, conversaciones largas con la almohada, emoción con cada cosa que imaginaba, dudas, intensivo de francés, preparación mental, mucha oración, brotes de ébola, más dudas y nervios. Pero a la vez y desde el primer momento, tuve la misma certeza: que el Congo y Monkole me esperaban en agosto con un grupo de 15 personas que casi no conocía.

Y sí, estamos aquí. Es real, estoy en África. Me encanta mirar el mapa y ver que el punto azul de Google Maps me sitúa en Monkole, Kinshasa. En la República Democrática del Congo. Y es real que estoy viviendo esa experiencia tan pensada durante tantos meses y tan deseada desde hace tantos años. Hacer un voluntariado en África siempre estuvo en mi lista de cosas pendientes.

Mentiría si dijera que no me ha costado acostumbrarme a estar aquí. Sabía que me iba a costar dejar casi todas las comodidades en España y venirme al Congo con las mismas manías de siempre. Solo de imaginármelo me costaba. Y lo confirmo. Estamos en una casa estupenda en comparación con lo que nos rodea, pero esta ciudad está llena de desorden, polvo y ruido, cosas que en un principio hicieron que fuera inevitable sentirse lejos de casa. Pero solo había que dejar tiempo al tiempo para que estas calles, nuestra rutina, los 15 mundeles que nos juntamos para venir al Congo, su gentecilla, su ritmo, los niños y el caos se convirtieran en nuestro mejor mes de agosto.

Me he dado cuenta de la suerte que tengo. Pero muchísima cuenta. Echo de menos mi ducha, mi cama, mi toalla, una lavadora cuando la necesito, poder tender al aire libre, ir descalza por casa, la barra libre de luz y agua todos los días, el cielo azul, el solecito, un buen plato de comida de mi madre, el olor a limpio, una calle asfaltada, el tráfico ordenado, la seguridad, usar mi colonia en vez del Relec… cosas básicas para nosotros pero que aquí no lo son tanto.

Y tengo la suerte de poder echar de menos a mi familia, mis amigos y mi vida en España.  Desde luego que uno no se da cuenta de la suerte que tiene hasta que le falta algo, aunque sea por un tiempo. Primera lección.

Me ha pasado siempre el pensar en que un voluntariado solo tendría sentido en el momento en el que yo fuera a algún sitio a ayudar y algo evidente cambiara por ello. Y, obviamente, no fue diferente esta vez, hasta que puse mi primer pie en África y me di cuenta de que estaba un poco equivocada.

Hemos dado mucho cariño, hemos acompañado, hemos intercambiado miradas y sonrisas, hemos ayudado en cualquier cosa y cada uno desde su personita ha intentado servir desde donde se ha visto llamado. Pero además de esto, que ya he llegado a la conclusión de que es mucho, este viaje me ha ayudado a aprender y a recibir un montón de cosas.

Aquí hemos tenido la suerte de conocer muy de cerca a muchas personas que, bien por casualidad o bien guiados por el Amor, se han venido al Congo. Gente que ha venido de España, Argentina o incluso de otras ciudades del Congo para quedarse a ayudar a que el país y su gente aprenda a salir adelante. Aunque resulte sorprendente, así es.

El proyecto de malnutrición de Kimwenza llevado por las Misioneras de Cristo Jesús que se preocupan cada viernes de que el nivel nutricional de los niños de la zona sea el adecuado.

El proyecto de Luisina “Creer en ellas” que intenta que chicas jóvenes con futuros inciertos tengan la oportunidad de trabajar y salir adelante. Además, ahora está montando una biblioteca, pues se dio cuenta de que hay mucha gente aquí que no sabe ni leer ni escribir.

Los diferentes y múltiples orfanatos en los que hemos estado: el orfanato de Mama Koko, el orfanato de la misericordia y el orfanato de Mamá Lorette: sitios que se encargan de acoger a niños huérfanos para darles ropa, techo, comida, cuidados y cariño. La realidad es que son lugares complicados que cuestan mucho de ver, digerir y aceptar. Cada vez que llegamos a alguno de estos orfanatos, nos faltan partes del cuerpo a las que los niños se puedan coger. Nos abrazan, nos dan la mano, nos tocan el pelo, reclaman nuestra atención o simplemente buscan unos ojos que los miren. Buscan cariño, mucho cariño.

Personalmente cuando me vi en esta situación dudé de si iba a ser capaz de poderles hacer llegar a los niños un poco de ese amor que tanto pedían. Pero cualquier gesto es muchísimo para ellos y su sonrisa de vuelta el mejor baño de humildad para los que venimos con las ganas de cambiar grandes cosas. Aquí, aunque no quieras, das. Y es verdad eso de que cuando das, te llenas. Por eso supongo que hay gente que viene y ya no se va nunca de aquí.

Aquí también hemos descubierto que los congoleños tienen su forma de ser, su manera de hacer las cosas y su forma de ver la vida, diferente a la nuestra, por lo que a veces es complicado que se dejen ayudar o que quieran aprender a hacer las cosas de forma diferente. Y por eso me alucina pensar que las personas que vienen voluntariamente han dejado sus comodidades, su familia, su ciudad y su vida en sus respectivos países para venir a servir y ayudar. Es gente especial, que desprende amor y muchísima bondad. Sobre todo porque hacen lo que hacen de manera desinteresada. Porque el servicio es su camino al cielo. Segunda lección.

Este viaje, como ya dije antes, siempre lo tuve muy pendiente. Pero ha sido más especial todavía porque he podido venir como médico y ver otra realidad. Me he encontrado con muchas limitaciones. Incluso la propia medicina es un límite en un país con tan pocos recursos, lo cual es bastante frustrante. Sobre todo sabiendo la cantidad de posibilidades y de opciones que hay en España. Pero precisamente por eso, me voy con millones de ideas y de intenciones en la cabeza que ojalá en algún momento se conviertan en proyectos y realidades que puedan aportar algo a este país.

Hace unos días fuimos a visitar Kinkwemi, un poblado que cuenta con un centro médico que atiende a todos los que viven allí y a los que viven en los poblados cercanos. Creo que todos nos quedamos sorprendidos con lo que vimos allí. La caseta que usan de centro médico tendrá cinco o seis habitaciones. Entre ellas una sala de observación, una sala con algunos medicamentos y una sala de partos. Nos dijeron que allí habían nacido casi todos los niños de ese poblado y de los poblados de alrededor, pero era difícil imaginarse esto porque la sala de partos parecía que estaba abandonada. Solo una camilla, un peso para el bebé recién nacido y algún que otro material era lo que había en esa habitación. Pues sí, con eso habían nacido casi todos los niños que nos correteaban alrededor ese día. Niños felices, llenos de vida, fuertes y juguetones.

Desde luego que estas no son las mejores condiciones para nada, pero aquí es lo que tienen y su capacidad de adaptación es inmensa. Cómo fliparían al ver la suerte que tenemos en España, pero yo ese día aluciné con la capacidad que tienen para salir adelante, vivir y ser personas funcionales y felices a pesar de las condiciones que tienen. Tercera lección

Como médico de familia he podido estar algunos de estos días en una consulta con otro médico de familia. Me gustó mucho la relación que tiene con sus pacientes. Y me llamó especialmente la atención que a muchos de ellos les da su teléfono móvil personal para que si en algún momento necesitan algo, lo llamen. A cualquier hora y cualquier día. Su explicación fue que son personas que o viven lejos del Hospital o no tienen los medios para irse a urgencias en algún momento dado, y de esta manera les facilita un primer contacto rápido con un médico. Lo vi un acto súper generoso y entregado, como poco. Es decir, eso no está pagado. Y lo hacía porque quería, voluntariamente, por vocación y por amor, supongo. Y sin quejarse. Cuarta lección

Aquí cada día es especial, pero hemos entrado en la rueda de una rutina que hace que sintamos que llevamos aquí meses y solo de pensar en la vuelta a España nos entran ganas de llorar. La realidad es que tenemos ganas de volver, pero la experiencia ha sido preciosa e intensa a todos los niveles y hay mucho que digerir. Siento que me he adaptado mucho más de lo que creía a este país y al caos que lo envuelve, y esto ha sido sin ninguna duda gracias a cada una de las personas con las que he tenido el placer de compartir este viajazo. Cada uno es diferente y especial, pero lo mejor es que hemos sido casa y familia en África.

Además, los congoleños nos lo han puesto fácil, pues nos han esperado, cuidado y recibido con ilusión allí a donde hemos ido. Quinta lección.

Podría no parar de contar tantas y tantas cosas que hemos visto y hemos vivido aquí, pero no acabaría nunca y además creo que por mucho que lo contara, las palabras nunca llegarían a estar a la altura. Hay que vivir esto para entenderlo.

Me considero una afortunada de la vida y una afortunada por todo lo que tengo en ella. Solo puedo dar gracias a Dios, que quiso que un día de febrero mi camino se cruzara con Amigos de Monkole para que por fin me lanzara a vivir una de las experiencias más bonitas de mi vida. Antes de llegar al Congo, en los mensajes informativos que nos mandaba Enrique siempre decía al final: “Ya verás qué bien”. Una frase que me hacía mucha gracia y a la vez me generaba más curiosidad de la que ya tenía. Menos mal que no dejé de confiar y de dejarme hacer, porque he podido ver qué bien en primera persona.

Un congreso dental sobre Implantología para más de 100 odontólogos en Kinshasa

Por Ignacio Martínez Esteban, Estomatólogo de Asturias

El viernes 14 de agosto impartimos una conferencia sobre Implantología a dentistas de Kinshasa (República Democrática del Congo), muchos de ellos jóvenes. Agradecemos al CODES (Colegio Oficial de Odontólogos y Estomatólogos de Asturias) y a la ONG ONAY por su colaboración en este proyecto

Se trataron temas como la preparación quirúrgica, el diagnóstico, la cirugía y las precauciones que hay que tener para evitar las complicaciones. Y por supuesto insistimos en la formación ética y el estudio.

La fundación Amigos de Monkole tiene muchos proyectos en África para facilitar el desarrollo y que pueda llegar la sanidad y la educación a zonas donde todavía falta mucho por hacer.

Este año voy acompañado por dos jóvenes dentistas, las doctoras Carmen Artime y Clara del Campo y por la higienista Sandra Hurtado que trabaja en Madrid.

Aunque lo que más nos ilusiona es poder atender a los niños de los orfanatos en un país donde no tendrían ningún acceso a la sanidad ya que no hay seguridad social.

También están en el grupo de voluntarios otros médicos y estudiantes de medicina que colaboran con los facultativos locales y del hospital Monkole.

Y se está por potenciando un proyecto de escolarización para estos niños de los orfanatos. Esto les abre puertas a un futuro mejor.

El próximo proyecto dental es ayudar a crear una clínica solidaria en las afueras Yaounde, capital de Camerún.

Tener una buena sonrisa no tendría que ser un privilegio

Por Carmen Artime Varela, Odontóloga, 24 años

Una de las cosas que más me sorprenden desde que estoy aquí es la facilidad con la que cualquiera te regala una sonrisa, un saludo o un gesto amable.

Lo cierto es que ayudar a que literalmente la gente recupere su sonrisa, es una de los mejores regalos que me podrían haber hecho.

Ya van más de 10 días aquí en el Congo, y mi labor como dentista está siendo mucho más que gratificante. Cuidar la salud dental no debería de ser un privilegio en ningún sitio.

Desde que he llegado aquí he sido consciente de la enorme necesidad que tienen en cuanto a cuidados dentales. No hemos parado de trabajar desde el principio, y lo que más nos gusta y nos sorprende es la paciencia de la gente y lo agradecidos que se muestran ante cualquier cuidado. Los niños se portan genial y aguantan súper bien los tratamientos, les hace hasta ilusión venir al dentista.

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Estamos trabajando sobre todo con los orfanatos de la zona, consiguiendo cubrir atención completa a dos orfanatos y vamos en camino de terminar con un tercero, que tiene casi 500 niños.

Están siendo días de mucho trabajo, pero más gratificante y con más frutos que nunca. Nos está encantando poder ayudar de manera tan directa a la gente de aquí, y nos está encantando poder aportar aquello que sabemos.

De todas formas, no me gustaría quedarme solo en lo que siento que estoy aportando sobre odontología.

Me estoy llevando sobre todo lecciones de humanidad, de amor sencillo, estoy dándome cuenta de la importancia que tiene prestar atención, regalar cariño de manera desinteresada.

Estoy viendo en primer plano el poder transformador que tiene el amor y el cuidado, el valor que tiene entregarte con el corazón, sobre todo a los niños.

Los niños que con su inocencia no buscan más que una mirada, para saberse mimados y atendidos.

Tengo sus miradas grabadas en el corazón, y no habrá día que no piense en ellos cuando vuelva a España.

Aquí somos lo que damos

Esto no acaba el 24 de agosto

Por Celia García-Uceda, 18 años

La primera semana aquí en el Congo ya se ha terminado, han sido días intensos llenos de muchas emociones y experiencias impactantes que nunca me habría imaginado que podría llegar a vivir.

La salida de Madrid fue el martes 4 de agosto y nos encontramos en el aeropuerto, ya desde el primer momento empezó a nacer una confianza impresionante entre todos los que formamos parte de este grupo de voluntarios. Nos esperaban tres vuelos hasta llegar al Congo, además de un viaje largo en taxi a través del tráfico de Kinshasa. Me gusta pensar que nuestra obra/misión en el Congo empezó ya con ese trayecto en el que vimos una realidad distinta a la nuestra y fuimos conscientes de la necesidad y de la pobreza.

La primera mañana visitamos el hospital de Monkole y nos explicaron un poco la historia, vimos todas las instalaciones y todavía la parte que queda por terminar de construir. Viendo el hospital fui consciente de que realmente es mucho todo lo que se necesita para mantenerlo. Siempre había pensado que donar dinero para las operaciones de los niños era suficiente, sin embargo, hay mucho más: electricidad, oxígeno, agua…

Esa tarde conocimos a los niños del orfanato de la Misericordia. Por las tardes, de 16h a 18h jugamos con ellos y es un regalazo: hay muchísimas risas, juegos, bailes y música. La primera tarde fue especialmente bonita porque en el segundo en que aparecimos en la puerta del orfanato, los niños se lanzaron a nuestros brazos aún sin conocernos, gracias a estos niños he descubierto que una de las cosas más valiosas es el amor, y así he comprendido que nuestra labor aquí no es solo material sino que va mucho más allá.

Por las noches, después de cenar todos juntos, tenemos tertulias, vienen personas que cuentan su vida e historia aquí en la R.D. del Congo. Personalmente estas tertulias me han ayudado a valorar las facilidades que tengo en España, sobre todo en el ámbito de estudios, ya que muchas de las personas que nos han contado su vida cuentan su paso por la universidad y todo lo que han tenido que hacer para poder estudiar, aquí hay gente que hasta ha tenido que viajar 2000 kilómetros.

También visitamos una parroquia donde se lleva a cabo un proyecto de nutrición en el que hacen un seguimiento a los niños y les dan una harina rica en proteínas porque muchos de ellos están malnutridos; allí los voluntarios sanitarios ayudaron con el seguimiento y los demás repartimos ropa y juguetes. En el momento de abrir las maletas llenas de ropa enseguida vinieron las madres de todos estos niños para poder conseguir alguna prenda. Ahí se ve reflejada la necesidad y llega el sentimiento de querer dar todo lo posible.

Otro día fuimos a casa de Luisina, quien lleva el proyecto de “Creer en ellas”, en el que forma y ayuda a mujeres que salen del orfanato de Mama Koko, al principio pensaba que iba a ser un día sin casi emoción porque íbamos a escuchar lo que hacia y ver la casa y no me imaginaba que su historia me fuera a impactar tanto. Luisina dedica su vida a la misión, y cree firmemente que el amor es aquello que sostiene nuestra vida, esto lo he ido entendiendo en estos días en Kinshasa gracias a toda la gente que he conocido: sus miradas y su abrazos.

En la visita a Mama Koko hubo una explosión de emociones: en este orfanato hay más de 500 niños, algunos con discapacidad. En el orfanato escuchamos Misa, cuando nos sentamos en el banco enseguida vinieron muchísimos niños a sentarse a nuestro lado o a nuestros pies, algunos se subieron a nuestras rodillas. Yo cogí a un niño que se quedó dormido apoyando su cabeza en mi hombro, al sentirle tan cerca se me saltaron las lágrimas, ¿Qué puedo hacer yo por este niño? ¿Cómo va a ser su futuro? Son preguntas que inevitablemente aparecen y hacen que cada día sea una montaña rusa de emociones.

Son tantos nombres, tantas historias, y aun así tantas las que no conocemos que muchas veces llega la frustración al pensar en qué podríamos hacer para cambiar las cosas. En esta semana he aprendido que aun sin saber francés ni lingala existe un idioma universal, que las sonrisas son siempre un regalo y sobre todo que el amor es la base de todo, que hemos recibido el Amor más grande de manera gratuita y que tenemos que ser capaces de entregarlo también. Hemos venido como voluntarios, pero realmente somos nosotros los que recibimos: vamos a cambiar en estas tres semanas conociendo una realidad totalmente diferente y a partir de ahí la labor continua, esto no acaba el 24 de agosto.