Un congreso dental sobre Implantología para más de 100 odontólogos en Kinshasa

Por Ignacio Martínez Esteban, Estomatólogo de Asturias

El viernes 14 de agosto impartimos una conferencia sobre Implantología a dentistas de Kinshasa (República Democrática del Congo), muchos de ellos jóvenes. Agradecemos al CODES (Colegio Oficial de Odontólogos y Estomatólogos de Asturias) y a la ONG ONAY por su colaboración en este proyecto

Se trataron temas como la preparación quirúrgica, el diagnóstico, la cirugía y las precauciones que hay que tener para evitar las complicaciones. Y por supuesto insistimos en la formación ética y el estudio.

La fundación Amigos de Monkole tiene muchos proyectos en África para facilitar el desarrollo y que pueda llegar la sanidad y la educación a zonas donde todavía falta mucho por hacer.

Este año voy acompañado por dos jóvenes dentistas, las doctoras Carmen Artime y Clara del Campo y por la higienista Sandra Hurtado que trabaja en Madrid.

Aunque lo que más nos ilusiona es poder atender a los niños de los orfanatos en un país donde no tendrían ningún acceso a la sanidad ya que no hay seguridad social.

También están en el grupo de voluntarios otros médicos y estudiantes de medicina que colaboran con los facultativos locales y del hospital Monkole.

Y se está por potenciando un proyecto de escolarización para estos niños de los orfanatos. Esto les abre puertas a un futuro mejor.

El próximo proyecto dental es ayudar a crear una clínica solidaria en las afueras Yaounde, capital de Camerún.

Tener una buena sonrisa no tendría que ser un privilegio

Por Carmen Artime Varela, Odontóloga, 24 años

Una de las cosas que más me sorprenden desde que estoy aquí es la facilidad con la que cualquiera te regala una sonrisa, un saludo o un gesto amable.

Lo cierto es que ayudar a que literalmente la gente recupere su sonrisa, es una de los mejores regalos que me podrían haber hecho.

Ya van más de 10 días aquí en el Congo, y mi labor como dentista está siendo mucho más que gratificante. Cuidar la salud dental no debería de ser un privilegio en ningún sitio.

Desde que he llegado aquí he sido consciente de la enorme necesidad que tienen en cuanto a cuidados dentales. No hemos parado de trabajar desde el principio, y lo que más nos gusta y nos sorprende es la paciencia de la gente y lo agradecidos que se muestran ante cualquier cuidado. Los niños se portan genial y aguantan súper bien los tratamientos, les hace hasta ilusión venir al dentista.

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Estamos trabajando sobre todo con los orfanatos de la zona, consiguiendo cubrir atención completa a dos orfanatos y vamos en camino de terminar con un tercero, que tiene casi 500 niños.

Están siendo días de mucho trabajo, pero más gratificante y con más frutos que nunca. Nos está encantando poder ayudar de manera tan directa a la gente de aquí, y nos está encantando poder aportar aquello que sabemos.

De todas formas, no me gustaría quedarme solo en lo que siento que estoy aportando sobre odontología.

Me estoy llevando sobre todo lecciones de humanidad, de amor sencillo, estoy dándome cuenta de la importancia que tiene prestar atención, regalar cariño de manera desinteresada.

Estoy viendo en primer plano el poder transformador que tiene el amor y el cuidado, el valor que tiene entregarte con el corazón, sobre todo a los niños.

Los niños que con su inocencia no buscan más que una mirada, para saberse mimados y atendidos.

Tengo sus miradas grabadas en el corazón, y no habrá día que no piense en ellos cuando vuelva a España.

Aquí somos lo que damos

Esto no acaba el 24 de agosto

Por Celia García-Uceda, 18 años

La primera semana aquí en el Congo ya se ha terminado, han sido días intensos llenos de muchas emociones y experiencias impactantes que nunca me habría imaginado que podría llegar a vivir.

La salida de Madrid fue el martes 4 de agosto y nos encontramos en el aeropuerto, ya desde el primer momento empezó a nacer una confianza impresionante entre todos los que formamos parte de este grupo de voluntarios. Nos esperaban tres vuelos hasta llegar al Congo, además de un viaje largo en taxi a través del tráfico de Kinshasa. Me gusta pensar que nuestra obra/misión en el Congo empezó ya con ese trayecto en el que vimos una realidad distinta a la nuestra y fuimos conscientes de la necesidad y de la pobreza.

La primera mañana visitamos el hospital de Monkole y nos explicaron un poco la historia, vimos todas las instalaciones y todavía la parte que queda por terminar de construir. Viendo el hospital fui consciente de que realmente es mucho todo lo que se necesita para mantenerlo. Siempre había pensado que donar dinero para las operaciones de los niños era suficiente, sin embargo, hay mucho más: electricidad, oxígeno, agua…

Esa tarde conocimos a los niños del orfanato de la Misericordia. Por las tardes, de 16h a 18h jugamos con ellos y es un regalazo: hay muchísimas risas, juegos, bailes y música. La primera tarde fue especialmente bonita porque en el segundo en que aparecimos en la puerta del orfanato, los niños se lanzaron a nuestros brazos aún sin conocernos, gracias a estos niños he descubierto que una de las cosas más valiosas es el amor, y así he comprendido que nuestra labor aquí no es solo material sino que va mucho más allá.

Por las noches, después de cenar todos juntos, tenemos tertulias, vienen personas que cuentan su vida e historia aquí en la R.D. del Congo. Personalmente estas tertulias me han ayudado a valorar las facilidades que tengo en España, sobre todo en el ámbito de estudios, ya que muchas de las personas que nos han contado su vida cuentan su paso por la universidad y todo lo que han tenido que hacer para poder estudiar, aquí hay gente que hasta ha tenido que viajar 2000 kilómetros.

También visitamos una parroquia donde se lleva a cabo un proyecto de nutrición en el que hacen un seguimiento a los niños y les dan una harina rica en proteínas porque muchos de ellos están malnutridos; allí los voluntarios sanitarios ayudaron con el seguimiento y los demás repartimos ropa y juguetes. En el momento de abrir las maletas llenas de ropa enseguida vinieron las madres de todos estos niños para poder conseguir alguna prenda. Ahí se ve reflejada la necesidad y llega el sentimiento de querer dar todo lo posible.

Otro día fuimos a casa de Luisina, quien lleva el proyecto de “Creer en ellas”, en el que forma y ayuda a mujeres que salen del orfanato de Mama Koko, al principio pensaba que iba a ser un día sin casi emoción porque íbamos a escuchar lo que hacia y ver la casa y no me imaginaba que su historia me fuera a impactar tanto. Luisina dedica su vida a la misión, y cree firmemente que el amor es aquello que sostiene nuestra vida, esto lo he ido entendiendo en estos días en Kinshasa gracias a toda la gente que he conocido: sus miradas y su abrazos.

En la visita a Mama Koko hubo una explosión de emociones: en este orfanato hay más de 500 niños, algunos con discapacidad. En el orfanato escuchamos Misa, cuando nos sentamos en el banco enseguida vinieron muchísimos niños a sentarse a nuestro lado o a nuestros pies, algunos se subieron a nuestras rodillas. Yo cogí a un niño que se quedó dormido apoyando su cabeza en mi hombro, al sentirle tan cerca se me saltaron las lágrimas, ¿Qué puedo hacer yo por este niño? ¿Cómo va a ser su futuro? Son preguntas que inevitablemente aparecen y hacen que cada día sea una montaña rusa de emociones.

Son tantos nombres, tantas historias, y aun así tantas las que no conocemos que muchas veces llega la frustración al pensar en qué podríamos hacer para cambiar las cosas. En esta semana he aprendido que aun sin saber francés ni lingala existe un idioma universal, que las sonrisas son siempre un regalo y sobre todo que el amor es la base de todo, que hemos recibido el Amor más grande de manera gratuita y que tenemos que ser capaces de entregarlo también. Hemos venido como voluntarios, pero realmente somos nosotros los que recibimos: vamos a cambiar en estas tres semanas conociendo una realidad totalmente diferente y a partir de ahí la labor continua, esto no acaba el 24 de agosto.