Tribuna: El latido de la neonatología en el África Subsahariana

La brecha en salud neonatal entre los países desarrollados y el África subsahariana no es una simple cifra; es la frontera que decide qué niños pueden sobrevivir. Mientras que en los países de ingresos altos la supervivencia de los recién nacidos con peso extremadamente bajo es la norma gracias a la tecnología de vanguardia, en regiones como la República Democrática del Congo (RDC) esto representa uno de los desafíos más extremos de la medicina moderna.  

Para contextualizar la magnitud del problema, basta observar los indicadores epidemiológicos. La RDC ostenta una de las tasas de prematurez más altas del continente. A esto se suma una mortalidad neonatal que ronda los 28 a 30 fallecimientos por cada 1.000 nacidos vivos. La mortalidad neonatal se sitúa por debajo del 2-3% en la mayoría de los países de la OCDE. Por lo tanto, un niño nacido en el Congo tiene, en promedio, diez veces menos probabilidades de sobrevivir a su primer mes de vida que uno nacido en Europa o América del Norte.

Ejea de los Caballeros

Vivir esta realidad sobre el terreno transforma por completo la perspectiva médica. En nuestros hospitales, estamos acostumbrados a la inmediatez: monitorización analítica por micrométodos, acceso universal a surfactante pulmonar exógeno, ecografías transfontanelares seriadas y unidades de cuidados intensivos dotadas de tecnología de última generación. En el contexto congoleño, la escasez de recursos técnicos y financieros es la norma. Allí, la supervivencia no depende de la máquina más costosa, sino de la excelencia en la práctica clínica y del ingenio del equipo médico. 

Un ejemplo extraordinario de esto ha sido el reciente caso de éxito en el Centro Hospitalier Monkole, donde el equipo liderado por la Dra. Gisèle Kazadi logró la supervivencia de una recién nacida de tan solo 500 gramos y 26 semanas de gestación. En un entorno sin acceso a surfactante exógeno, el éxito radicó en tres pilares que exigen rigor absoluto: el uso correcto de la ventilación no invasiva (nCPAP), el inicio temprano de la nutrición enteral con leche materna y una adherencia estricta a las medidas de asepsia para prevenir la sepsis neonatal.  La lección que nos deja el trabajo en centros como Monkole es profunda. La falta de recursos no debe traducirse en una falta de esperanza.

La implementación de intervenciones de bajo coste recomendadas por la OMS —como la corticoterapia antenatal y el soporte respiratorio no invasivo— demuestra que es posible mejorar las estadísticas y salvar vidas. Apoyar la formación del personal local no es solo un acto de solidaridad; es una inversión directa en equidad sanitaria global. 

Autor de la tribuna: Dr. Gonzalo Ares, Jefe de Pediatria del Hospital Rey Juan Carlos (Madrid)

El Ayto. de Casares impulsa nuestro proyecto materno-infantil en Costa de Marfil

El Ayuntamiento de Casares ha concedido a la Fundación Amigos de Monkole uno de los siete accésits de los Premios Blas Infante destinados a proyectos de cooperación internacional. Con esta ayuda podremos prevenir la transmisión materno-infantil del VIH y mejorar la nutrición de madres y lactantes en Costa de Marfil. Con esta nueva edición,  y con el legado humanista de Blas Infante, convirtiendo una vez más la solidaridad en una seña de identidad del municipio, Casares reafirma su compromiso con la cooperación internacional. El premio fue recogido por nuestros voluntarios Carlos Aguilar, Santi Moles y Gonzalo Elejalde.

El presente proyecto tiene como objetivo prevenir la transmisión del VIH de madre a hijo y mejorar el estado nutricional de lactantes en situación de alta vulnerabilidad en Yamoussoukro (Costa de Marfil), mediante una intervención integral centrada en la salud maternoinfantil.

En contextos como el de intervención, muchas mujeres embarazadas o en periodo de lactancia que viven con VIH carecen de los recursos necesarios para garantizar una alimentación segura a sus hijos. La lactancia materna, en ausencia de condiciones adecuadas y seguimiento médico, puede convertirse en una vía de transmisión del virus al recién nacido. Sin intervención, este riesgo puede alcanzar niveles elevados, comprometiendo gravemente la salud y la vida de los bebés.

El proyecto aborda esta problemática mediante la provisión de alternativas seguras a la lactancia materna, principalmente a través de la distribución de leche infantil, combinada con un seguimiento sanitario y nutricional continuo. Esta medida no constituye únicamente un apoyo alimentario, sino una intervención clave de prevención sanitaria que permite reducir significativamente el riesgo de transmisión del VIH en la primera infancia. De forma complementaria, se desarrollarán acciones de acompañamiento médico, seguimiento del crecimiento infantil y control del estado serológico de los bebés, así como actividades de formación dirigidas a madres, centradas en prácticas de alimentación segura, higiene y prevención del VIH. Estas acciones estarán apoyadas por el trabajo del Centro Médico-Social Walé, entidad local con amplia experiencia en atención a personas con VIH y en salud comunitaria.

El proyecto beneficiará directamente a mujeres embarazadas y lactantes con VIH y a sus hijos e hijas en sus primeros meses de vida, contribuyendo a garantizar su derecho a la salud, a la alimentación y a una vida digna. Asimismo, tendrá un impacto positivo en el entorno familiar y comunitario, fortaleciendo capacidades locales y reduciendo el estigma asociado al VIH. La intervención se basa en un enfoque de derechos humanos, género y salud pública, y se integra en las estrategias locales existentes, lo que garantiza su pertinencia, sostenibilidad y continuidad más allá del periodo de ejecución.

OBRAMAT Leganés y Fundación Amigos de Monkole culminan la primera intervención del proyecto ReHabitar

La colaboración entre empresas y entidades sociales vuelve a demostrar su capacidad para generar cambios reales en la vida de las personas. Gracias al apoyo de OBRAMAT Leganés, la Fundación Amigos de Monkole ha completado con éxito la primera actuación del proyecto ReHabitar, una iniciativa destinada a mejorar las condiciones de habitabilidad de personas y familias en situación de vulnerabilidad en la Comunidad de Madrid.

La intervención, desarrollada entre mayo y junio de 2026 en el distrito madrileño de Tetuán, ha permitido acondicionar una vivienda mediante trabajos de limpieza, pintura, reorganización de espacios y pequeñas mejoras estructurales, devolviendo dignidad y bienestar a su residente.

El compromiso de OBRAMAT 

El proyecto ha sido posible gracias a la implicación de OBRAMAT Leganés, que donó pintura y materiales esenciales para la ejecución de las obras, además de colaborar en la coordinación institucional y en la difusión de la iniciativa.

Esta colaboración pone de manifiesto cómo las alianzas entre empresas y organizaciones sociales pueden convertirse en motores de transformación local, sumando recursos, voluntariado y conocimiento para responder a necesidades concretas de la comunidad.

En un momento en el que la responsabilidad social empresarial adquiere una relevancia creciente, proyectos como ReHabitar muestran que la cooperación entre el sector privado y el tercer sector permite generar un impacto directo y medible en la vida de las personas.

Más de 14 voluntarios para transformar un hogar

La jornada principal de intervención tuvo lugar el 29 de mayo y reunió a más de 14 personas voluntarias, que participaron en distintos turnos de mañana y tarde para ejecutar los trabajos de mejora de la vivienda.

Durante la jornada principal se llevaron a cabo trabajos de pintura de paredes y techos, protección y reorganización del mobiliario, acondicionamiento de distintas habitaciones, limpieza continua de los espacios y pequeñas actuaciones de mejora del entorno doméstico. La implicación del voluntariado permitió concentrar una parte muy importante del trabajo en una única jornada y transformar la vivienda en un lugar más digno, acogedor y habitable para su residente.

La participación del voluntariado permitió concentrar gran parte del trabajo en una única jornada y generó una experiencia comunitaria especialmente positiva para todos los implicados.

Un proyecto que pone a las personas en el centro

La actuación comenzó con una primera jornada de limpieza y preparación del inmueble, durante la cual el equipo adaptó parte de las intervenciones previstas para respetar el espacio personal y las circunstancias particulares del residente.

Posteriormente, una segunda jornada permitió culminar los trabajos mediante la retirada de materiales, la limpieza final y la reorganización definitiva de las estancias, convirtiendo nuevamente la vivienda en un espacio plenamente habitable.

El seguimiento posterior permitió además resolver pequeñas incidencias y completar todos los acabados previstos inicialmente, garantizando la calidad final de la intervención.

Alianzas para multiplicar el impacto

Desde la Fundación Amigos de Monkole creemos que la colaboración con empresas comprometidas es fundamental para afrontar los desafíos sociales de nuestro entorno.

La experiencia de ReHabitar demuestra que la suma de recursos materiales, conocimiento profesional y voluntariado puede traducirse en mejoras tangibles y sostenibles para las personas más vulnerables.

Desde la Fundación Amigos de Monkole queremos agradecer especialmente a OBRAMAT Leganés su confianza, compromiso y cercanía para hacer posible esta iniciativa y demostrar que construir hogares más dignos también es una forma de construir una sociedad mejor.

El Centro Agrícola de Kakulabashike crea nuevas oportunidades para las comunidades rurales de Haut-Katanga junto al Ayuntamiento de Teruel

El Centro Agrícola de Kakulabashike (CPK) se consolida como un referente para la formación, la innovación y el desarrollo rural en la provincia de Haut-Katanga, en la República Democrática del Congo. La rehabilitación de sus instalaciones y el fortalecimiento de su programa formativo han permitido mejorar las capacidades de agricultores y agricultoras, aumentar la producción hortícola y abrir nuevas oportunidades para la juventud de la zona.

Impulsada por la Fundación Amigos de Monkole y CECFOR, con el apoyo del Ayuntamiento de Teruel, la iniciativa ha contribuido a reforzar la seguridad alimentaria y la autonomía económica de las comunidades rurales de Kakulabashike, Sambwa y Makulo, apostando por una agricultura sostenible y adaptada a los desafíos del cambio climático.

Un centro renovado 

Las obras de rehabilitación ejecutadas entre diciembre de 2025 y marzo de 2026 permitieron renovar la cubierta, mejorar las instalaciones eléctricas e hidráulicas y acondicionar los espacios formativos del centro, garantizando un entorno adecuado para el aprendizaje.

Gracias a estas mejoras, el CPK ha podido desarrollar durante la campaña 2025-2026 un programa de formación que ha movilizado a 84 beneficiarios inscritos con 81 participantes habituales, superando los objetivos previstos. De ellos, 60 son mujeres y 21 hombres, lo que pone de manifiesto el papel protagonista de las mujeres en el desarrollo agrícola local.

A lo largo del año se organizaron 57 sesiones formativas centradas en ocho grandes áreas temáticas y diecisiete subtemas relacionados con la gestión del agua, la agroecología, la vigilancia fitosanitaria, la planificación de cultivos y la valorización de los productos agrícolas.

Más producción gracias a la formación

Los resultados obtenidos reflejan el impacto positivo del acompañamiento técnico y de las nuevas prácticas incorporadas por los participantes. Entre 2024 y abril de 2026, la producción hortícola pasó de 122.529,9 kilogramos a 187.553,5 kilogramos, lo que supone un incremento del 53,1 %. 

Los agricultores han adoptado progresivamente nuevas técnicas, como el uso racional del agua mediante sistemas de riego por goteo, la utilización de abonos elaborados con recursos locales, una mejor planificación de las labores agrícolas y la introducción de conceptos relacionados con la cadena de valor y la comercialización de las cosechas.

Aunque el aumento de la producción todavía no se ha traducido en un crecimiento proporcional de los ingresos debido a los bajos precios del mercado local, el proyecto ha sentado las bases para reforzar en el futuro las estrategias de comercialización y la venta agrupada de productos agrícolas.

La agricultura como oportunidad jóvenes y mujeres

Uno de los logros más destacados del programa ha sido el cambio de percepción de los jóvenes respecto a la agricultura. Diecinueve jóvenes menores de 35 años participaron en las formaciones junto a agricultores adultos, descubriendo nuevas oportunidades de empleo y generación de ingresos en el sector agrícola. Muchos de ellos, que anteriormente no consideraban la agricultura como una actividad con futuro, han comenzado a producir y comercializar sus propias cosechas.

Es el caso de Moïse Zambala Mwansa, de 19 años, que encontró en el programa una alternativa para construir un proyecto de vida vinculado al medio rural, o de Aline Mwewa Calwe, de 18 años, que ha comenzado a obtener ingresos gracias a su participación en las actividades agrícolas del centro.

Además el proyecto ha reforzado el papel de las mujeres como motor del desarrollo rural. Historias como las de Sylvie Nyota, madre de ocho hijos y cabeza de familia, o Germaine Banza, que pasó de ser comerciante a productora agrícola, muestran cómo la formación y el acompañamiento técnico pueden transformar la vida de las mujeres y fortalecer su autonomía económica.

La participación femenina mayoritaria en las actividades del CPK confirma que invertir en formación agrícola es también una apuesta por el liderazgo comunitario y la mejora de las condiciones de vida de las familias rurales.

Un legado para el futuro de Kakulabashike

Más allá de los resultados obtenidos, el Centro Agrícola de Kakulabashike se ha consolidado como un espacio estratégico para la formación, la innovación y el emprendimiento agrícola en la región. Los próximos retos pasan por reforzar las cooperativas locales, mejorar el acceso al mercado e impulsar la venta agrupada.

Gracias al compromiso de las comunidades locales, de CECFOR, del Ayuntamiento de Teruel y de la Fundación Amigos de Monkole, el CPK continuará siendo un motor de seguridad alimentaria, autonomía económica y oportunidades para mujeres y jóvenes del medio rural congoleño.